Sólo los privilegiados periodistas de la revista France Football, visitantes asiduos de Barcelona cada mes de enero, entran en casa de Leo Messi para cumplir con el ritual posterior a la entrega del Balón de Oro: captar las imágenes exclusivas de su ganador en la intimidad de su hogar, allí donde el crack azulgrana guarda sus trofeos, que ya llenan una vitrina colosal.
“Si llega un quinto -bromeó con los reporteros- tendré que quitar de ahí la Bota de Oro y moverla. Será más complicado”. Está de un humor excelente apenas dos días después de haberlo recibido en Zúrich.
En el estante inferior es donde Leo coloca el cuarto trofeo consecuivo, algo que nadie había conseguido jamás. Esa es la imagen estrella del reportaje, el instante en que Messi lo acomoda suavemente para que la cámara inmortalice es póquer de trofeos en fila, inédito y quién sabe si irrepetible. “Cada vez -dice con toda solemnidad- es un placer diferente”. Sigue leyendo