Algún día dejará de jugar y empezaremos a recordarlo. Algún día les diremos a los que vendrán detrás de nosotros que le vimos jugar. Intentaremos contarles y nos costará un diluvio de adjetivos pero seguramente nos dibujará una sonrisa. Contemplar la historia mientras sucede es uno de esos raros lujos que ofrece el deporte, ver a uno de los mejores de siempre batir marcas mientras inventa fútbol. Es Leo Messi, un futbolista pluscuamperfecto, único, genial. Una maravilla en movimiento que arrasa rivales y fija partidos en nuestras retinas. Algún día diremos, ya lo decimos en realidad: ¿Te acuerdas de…? ¿Y de…?
¿Te acuerdas del 7-1 al Bayer Leverkusen? Leo Messi marcó cinco goles y ni siquiera pareció extra motivado, en uno de esos días en los que juega con cuchillos en la mirada. No presionó como un poseso ni tiró un millón de desmarques. Esta vez se limitó a divertirse, al fin y al cabo lo que hace siempre, y a juguetear con el Leverkusen como un gato con un ovillo de lana. A veces distraído, con una sonrisa ladeada y casi irónica. Contra la avalancha de polémicas, broncas, debates, árbitros y renovaciones: Messi. Y Messi, Messi, Messi, Messi. Cinco goles para ribetear la enésima exhibición de un jugador mejor que todos los demás. El primero una preciosa cuchara que colocó el balón a un lado de Leno, el tercero nada más volver del descanso con una lujosa vaselina… con la derecha. Control, mirada al portero, el tiempo congelado y un toque de balón mágico. Hay que sumarle otro de oportunista y dos latigazos atravesando la frontal del área, marca de la casa: Leo Messi. Los récords, los rivales devorados, la poesía…
…Y los números: Messi suma doce goles en Champions e iguala la mejor marca Sigue leyendo